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Libros destacados
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Romance del vértigo perfecto |
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Jacobo Fijman |
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+ información
Unos poemas de Jacobo Fijman han sido encontrados. Otros tal vez puedan descubrirse mañana aquí o allá. Ellos son tan sólo señales que permanecían ocultas y que hoy vuelven a iluminar la errancia de un hombre que fluía o se agitaba a la intemperie, dejando algunas imágenes al paso sin que este paso debiera situarse o prometerse, emplazarse o enseñar algún sentido en el juego del Mundo. Indicios de un alguien que no rehusaba la posibilidad real de un diálogo desde el único ámbito en que se hacía posible, el de la palabra como acontecimiento y el del acontecimiento como palabra, empeñando ese decir que nada describe, aclara o enseña, y que no se enfrenta a lo por decir sino que resuena contundentemente por su propio darse en tanto arribo de cosas y de mundo.
Poema por poema, con aquellos editados en libros y aquellos otros publicados en revistas, con los regalados a algún amigo y los abandonados en cualquier estante, con aquellos que alguien decidió mostrar y aquellos azarosamente encontrados, y también con los quefueron destruidos y con los que permanecen aún inhallables, Jacobo Fijman se sostuvo en el canto y la gracia ininterrumpidos. Coincidía, sin saberlo, con la visión de otro gran poeta, J. L. Ortiz, cuando afirmaba que la tarea que más importa es la del éxtasis, la cual resulta estrictamente íntima y se consume en la misma ocurrencia, mientras que otra labor mucho menos relevante la constituye la del archivista, la cual no es más que el ocuparse de que los demás reciban los resultados de aquella primera tarea, el dejar para el mundo la estela o el rastro de ese éxtasis.
Hermanar la poeticidad del día que se ofrece, encomendarse al avance de los poemas sin premeditar su destino, dejar que ellos se constituyan en una manera de vivir, no como lo inusual o lo extraordinario de una vida, sino como la afirmación de la propia cotidianeidad atravesada por la maravilla del encuentro, por el celebratorio esplendor de lo sagrado: tal vez fuera simplemente esto lo que Jacobo Fijman no hubiese querido que olvidásemos al recibir, en lo desprevenido de un hallazgo, el fulgor de unas imágenes y su cielo instantáneo. |
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